Guarderías
Mascotas bien atendidas
Es una agobiante tarde de verano y la temperatura alcanza los 32° C en Buenos Aires. Nus y Paikán se refrezcan en la pileta, dan unas volteretas por la tierra y vuelven otra vez al agua. Princesa está en la cinta aeróbica. Bosca disfruta del jacuzzi. Sassy, Duque, Camila, Tinto, Micky y Faruk - los más osados - corren a toda prisa y tratan de esquivar cualquier obstáculo con tal de atrapar la pelota. Y los demás, descansan a la sombra de una inmensa arboleda.
Hasta que sus dueños regresen de las vacaciones, ellos se quedarán en el pensionado canino y felino Las Lunas, en Pilar, que cuenta con un predio de 6500 metros. “Formamos grupos por afinidad, sexo, edad, raza y tamaño, y los dejamos que jueguen y disfruten; la idea es que estén en libertad durante el día”, dice Rubén Candia, que trabaja desde hace 14 años, y conoce el nombre de cada uno de los perros con sólo mirarlos.
En las lunas hay 90 perros hospedados y diez gatos que viven en pequeñas casas de madera, llenas de plantas y palos para poder treparse. “En nuestros servicios incluimos alimento premium, atención veterinaria 24 horas y, ante una emergencia, la interconsulta con el veterinario de cabecera”, detalla Manuel Leunda, director del complejo.
Magui, una pointer de 4 años, concurre al doggy day una vez por semana. La van a buscar para disfrutar de un día de campo, y en los próximos días, como ocurrió en los últimos tres veranos, pasará unas semanas en Las Lunas. “Ella escucha la camioneta y se olvida de la familia, se desespera por ir; ése es un buen síntoma porque quiere decir que la pasa bien”, cuenta Maria Peroni, dueña de Magui.
Llegan las ansiadas vacaciones y, para muchos, la principal preocupación es qué hacer con la mascota de la casa. Para quienes no pueden dejarla al cuidado de amigos o personas conocidas, la guardería es una buena opción para aliviar el estrés que suele sufrir la mascota cuando se separa de la familia por un tiempo. El costo de las guarderías o pensionados oscila entre 15 y 30 pesos por noche, según los servicios, alimentos, retiros y traslados.
“Llevar una mascota a una guardería es como buscar una colonia para los hijos; los animales ven a las familias como su manada, su referente, por eso es importante que estén atendidas por personas con experiencia”, dice Maria de los Ángeles Cantarelli, médica veterinaria del Hospital Veterinario Profesor Hutter en Olivos.
A la hora de elegir un hospedaje confiable, hay que escuchar recomendaciones: “Por ejemplo, averiguar-señala Cantarelli- el estado sanitario de la guardería, si van a estar en ambientes abiertos o cerrados, con qué animales estarán en contacto y exigir la vacunación de los que ingresan. Es indispensable comprobar con los propios ojos, el lugar donde van a estar”, agrega. Y si la guardería cumple con estos requisitos e inspira confianza, no hay más que hacerle unos mimos a la mascota de la familia y decirle hasta la vuelta.
En Can Eka, en Florida, ofrecen baños, peluquerías, alimentos y pensionado canino. “Tenemos un predio en Del Viso, de 2000 metros, que está separado por sectores para ubicar a los animales por tamaño, raza y sociabilidad, y personal para ocuparse de las mascotas las 24 horas”, explica Maximiliano Martumañan, encargado del local.
¿Hay gente todo el día en la quinta? ¿Podemos conocer el lugar? ¿Qué alimento dan de comer? ¿Dónde están los días de lluvia? Estas son las preguntas más frecuentes que hacen los clientes antes de contratar el servicio. “Muchos quieren conocer el lugar entonces los llevamos hasta la quinta o se la mostramos por Internet. Otros piden que no los juntemos con perros peleadores”, advierte Martumañan.
“Lo ideales no modificar la dieta, y menos en forma abrupta. Hay razas chicas, como el caniche o el basset, que sufren más que otras el cambio de hábitat y pueden tener enfermedades gastrointestinales como consecuencia”, advierte Cantarelli. Para la médica veterinaria, lo mejor es que cada dueño lleve su bolsa de alimento balanceado.
En Don Torcuato, Susana Dobbs, criadora de labradores y fanática de los animales, creó en su parque de 2000 metros el pensionado canino Cucha Club. “Es un verano increíble -dice-, este año mucha gente trajo a sus mascotas.” En el predio están hospedados cerca de 40 perros. En conversación telefónica con LA NACTON, Dobbs cuenta que podría escribir un libro: “Ahora mismo estoy jugando con ellos. Para entretenerlos, les tiro cinco pelotas a la vez y cuido que no se peleen en el ínterin”, dice entre risas, con ladridos como música de fondo. Claro, la recompensa por atrapar las pelotas es un enorme hueso o una golosina, aunque terminen embarrados. “Después todo es un chiquero, pero son felices”, agrega.
Ellos se divierten, juegan en la pileta, comen y descansan. “A la gente le gusta traerlos porque siente que el perro está como en su propio jardín. Mi meta es que estén igual o mejor de cuando vinieron, y que no sufran el desarraigo”, dice Dobbs.
Pero las vacaciones no son eternas. Por eso, después de una plácida estadía en el campo, la playa, la montaña o el extranjero, sólo basta festejar el reencuentro de todos los integrantes de la familia en el hogar dulce hogar.
Ana Da Costa
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